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El programa artístico de la Casa llamada de la duquesa Ana tenía la intención de afirmar el estatus del primer dueño, que fue quien encargó las obras.
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El patio interior –o lanterne– remite a un tipo de arquitectura únicamente conocido en Morlaix. Este espacio cuadrangular situado en medio del edificio originariamente estaba iluminado por una lámpara que colgaba bajo un techo ciego. En el caso de la Casa llamada de la duquesa Ana, el patio ocupa una superficie de poco más de 25 m2 y tiene una altura de aproximadamente 16 m hasta la cumbrera de la estructura.
Contra el muro sur-este, ante la chimenea monumental, se eleva la escalera de caracol, toda ella de roble. Cada piso tiene un retranqueo que lleva a una galería que conduce a las habitaciones de la parte trasera. Estas habitaciones están protegidas por barandillas, también de roble. Un pilar –la columna–, de una altura de 10,80 m, tallado de un solo tronco de árbol, sostiene la carga que ejerce la escalera.
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Excluyendo los dos frisos adornados con pámpanos y máscaras que decoran el faldón de la chimenea, todo el programa iconográfico del interior de la casa radica en la escalera. Cada superficie está trabajada, cincelada, de acuerdo con los gustos de una época que tenía horror al vacío. |
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Friso de la chimenea: máscara
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Friso de la chimenea: máscara
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La columna está “habitada” por cuatro santos personajes que se suceden en cada piso, en hornacinas de decoración gótica, al nivel de los retranqueos hacia las galerías.
Del primer nivel al tercero
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San Roque, ermitaño (Montpelier, hacia 1350 – † Lombardía ?, hacia 1380). Celebrado el 16 de agosto.
La leyenda de san Roque cuenta que contrae la peste (endémica en Europa desde la Peste Negra de 1346-1350 hasta la de Marsella de 1720) después de regresar de una peregrinación a Roma. Para proteger a la población, decide esconderse en el bosque, donde milagrosamente, cada día, el perro del señor de las tierras le trae un pan. Finalmente, un ángel lo cura.
Aquí, su uniforme de peregrino, el ángel que muestra el bubón de la peste, el perro y su pedazo de pan, explican su historia.
Invocado contra la peste, el popular san Roque es el símbolo mismo del peregrino, después de san Jaime el Mayor (representado sobre la fachada).
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San Roque
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San Martín, apóstol de los galos, obispo (Panonia, actual Hungría, hacia 317 – † Candes, Touraine, hacia 397). Celebrado el 11 de noviembre.
La leyenda de san Martín cuenta que durante el invierno de 337, siendo un soldado joven en el ejército romano, dio la mitad de su abrigo a un mendigo en una de las puertas de la ciudad de Amiens. A menudo aparece representado mientras corta la pieza con la ayuda de su espada. Aquí le descubrimos representado en todo su esplendor de arzobispo de Tours, aunque el mendigo también está presente, rogando de rodillas a sus pies.
Durante la Edad Media y el Renacimiento, el santo se vuelve muy popular en Occidente. Se le rendirá culto, sobre todo en Tours –donde están sus reliquias–, y se convertirá en uno de los lugares de peregrinación más importantes del cristianismo. Junto con Le Puy-en-Velay, Vézelay y Saint-Gilles-du-Gard, Tours es el punto de partida de una de las cuatro grandes rutas hacia Santiago de Compostela.
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San Martín
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San Cristóbal, mártir († Samos, Licia, siglo III?). Celebrado el 25 de julio.
La existencia de san Cristóbal sigue siendo legendaria. Según la tradición, fue decapitado por su fe, lo cual lo convirtió en mártir. Su culto se remonta al siglo V y siguió siendo importante hasta el siglo XVI. Su nombre es Christophoros, que en griego significa ‘el que lleva al Cristo’.
Aquí el santo aparece representado de la manera más habitual: tiene una buena estatura, viste una simple túnica a la antigua, se apoya sobre una rama torcida y lleva al Niño Jesús a hombros, que también va vestido con túnica, mientras atraviesan un río.
San Cristóbal es el patrón de los viajeros.
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San Cristóbal
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San Miguel, arcángel. Celebrado el 29 de septiembre.
El arcángel san Miguel ocupa la cima de la columna. Es el jefe de la milicia celestial y el defensor de la Iglesia. Se enfrenta con los ángeles rebeldes y el dragón del Apocalipsis. Psicopompo (del griego psukhopompos, el que conduce las almas de los muertos), pesa las almas el día del juicio final.
En el siglo XVI, la Iglesia se pone bajo su protección en la lucha contra la Reforma protestante.
San Miguel es representado aquí de manera tradicional, con los rasgos de un caballero que parte de un corte al dragón del Apocalipsis a sus pies y se apresura a expulsarle del Cielo (Apocalipsis, 12, 7-9). La cola del dragón, en su agitación, se enrosca alrededor de la columna. La Fe triunfa sobre el Mal.
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San Miguel
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Los otros temas
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El hombre salvaje: personaje importante del imaginario medieval, decora tanto monumentos religiosos como civiles. Sobre la fachada del palacete o sosteniendo un blasón en el patio interior, las representaciones del hombre salvaje armado con un mazo le confieren sistemáticamente la función de guardián.
El ángel: mensajero de Dios, de quien canta las alabanzas, asegura el vínculo entre la Tierra y el Cielo. Del mismo modo que el hombre salvaje, a menudo lleva un basto blasón como elemento decorativo.
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Hombre salvaje soporte de un blasón
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Putto
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Las funciones y los atributos de los ángeles y los hombres salvajes que decoran la columna nos permiten percibir un simbolismo de unión sutil entre la Tierra y el Cielo.
Análisis de la columna
El protestantismo en pleno auge hace vacilar el catolicismo romano sobre sus bases espirituales y temporales en este primer tercio del siglo XVI. En este contexto, el programa iconográfico de la columna reafirma el papel de intermediarios que tienen los santos, los cuales manifiestan convicciones personales del primer dueño, evidentemente buen católico.
San Roque es un santo cronológicamente próximo. San Martín evoca Tours y su peregrinación; el apóstol de los galos remite a la época de la afirmación del cristianismo como religión oficial del imperio Romano de Occidente. San Cristóbal, mártir y patrón de los viajeros, nos devuelve a los orígenes del cristianismo y a la época de las persecuciones. Tiene el privilegio de llevar al Niño Jesús a hombros. En la cima, san Miguel hace caer el Mal del Cielo y abre las puertas del Paraíso.
Cuanto más subimos hacia el cielo, mayor importancia cobra el santo y más se aleja cronológicamente. Revivimos, pues, la historia del cristianismo. La columna se presenta como una especie de mapa que nos indica el camino hacia el Paraíso. Para expiar los pecados de uno mismo y evitar el purgatorio o la damnación eterna, es necesario hacer una peregrinación. Mientras está mirando la columna, el devoto se ve a sí mismo como un peregrino, como san Roque. Protegido por san Cristóbal, llega a Tours, Santiago de Compostela, Roma o Jerusalén, y de ahí la remisión de sus pecados.
Por su ornamentación, la columna invita a una peregrinación espiritual, a una ascensión simbólica hacia el Cielo. No hay referencia alguna a la Pasión ni a ningún otro pasaje del Nuevo Testamento: toda la iconografía evoca una búsqueda espiritual, la del dueño en busca de su salvación.
| El acróbata: situado en el montante de la puerta de la habitación del primer piso en la parte de atrás –situada por encima de la cocina–, el acróbata parece invitar a los visitantes a entrar en el lugar donde supuestamente estaba la sala de recepción.
Como si estuviera aislado y sin competencia en este lado del patio, el acróbata toma tanto vuelo como el programa religioso desarrollado sobre la columna. Ambos temas cohabitan perfectamente, en un bello equilibrio. El primer dueño, ansioso por demostrar su riqueza y categoría, nos hace partícipes de sus preocupaciones y aspiraciones espirituales, pero no menosprecia los placeres simples de la mesa y la importancia de la hospitalidad.
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El acróbata
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El conjunto atestigua un trabajo preparatorio impresionante, que pone de manifiesto la excelencia del capataz y del taller de escultores que trabajaron en él.
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Angel soporte de un blasón
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La fachada - El programa iconográfico del patio interior
Sección de la Casa llamada de la duquesa Ana
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